¿Quieren quemar en Quart la basura de València y toda el área metropolitana?

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Una filtración publicada por el diario Las Provincias ha revelado que la Generalitat Valenciana proyecta una gran incineradora para quemar la basura de València y toda su área metropolitana. Los documentos preliminares del nuevo Plan Integral de Residuos asocian una inversión de 400 millones de euros al área V2, identificada con Quart de Poblet.

La Generalitat no ha informado previamente al Ayuntamiento ni ha explicado públicamente dónde pretende construirla, cuántas toneladas quemaría, qué emisiones produciría o cómo afectaría a la población.

Quart no aparece en los documentos por casualidad. Aquí ya se encuentra la planta de Los Hornillos de la EMTRE, heredera de la antigua FERVASA, a la que llega la basura de València y de decenas de municipios metropolitanos para ser tratada.

El siguiente paso parece evidente: quemar junto a la propia planta la basura que no haya podido recuperarse. Esto permitiría reducir los costes de transporte y vertido, pero nadie ha anunciado que ese ahorro vaya a traducirse en una rebaja de las tasas que pagan las familias.

La basura metropolitana ya llega a Quart de Poblet

Quart de Poblet ya alberga la planta de tratamiento de Los Hornillos de la Entidad Metropolitana para el Tratamiento de Residuos, la EMTRE.

Es la continuación del sistema que durante años gestionó FERVASA en terrenos situados entre Quart y Aldaia. La instalación actual está dimensionada para tratar hasta 400.000 toneladas anuales.

La EMTRE gestiona los residuos de los contenedores gris y marrón de 45 municipios del área metropolitana, donde viven más de 1,6 millones de personas. Una parte muy importante de esa basura llega a Los Hornillos para ser sometida a procesos mecánicos y biológicos con los que se intenta recuperar materia aprovechable.

Después del tratamiento queda una parte que ya no se recupera y debe ser transportada hasta una instalación de eliminación. Técnicamente se denomina «rechazo», pero estamos hablando, sencillamente, de basura que no se ha podido reciclar.

Ahora la Generalitat plantea quemarla para producir energía.

Quemar la basura junto a Los Hornillos para ahorrar costes

La lógica económica del proyecto parece clara: si la basura metropolitana ya llega a Los Hornillos para ser tratada, construir la incineradora al lado permitiría quemar allí mismo la parte no recuperada.

Esto evitaría numerosos viajes de camiones hasta los vertederos, reduciría los costes de transporte y eliminación y permitiría aprovechar o vender la energía generada. La Generalitat señala incluso que esa energía podría abastecer a polígonos industriales del área metropolitana.

Quart asumiría así el proceso completo: llegada de la basura, tratamiento, separación y posterior incineración.

Pero falta una respuesta fundamental:

Si la incineradora permitirá ahorrar en transporte y vertederos, ¿por qué nadie garantiza que ese ahorro reducirá las tasas que paga la ciudadanía?

Hasta ahora no conocemos ningún compromiso de la Generalitat o de la EMTRE para trasladar el supuesto ahorro a los recibos de las familias.

Tampoco sabemos quién pagará los 400 millones de euros, qué empresa construirá y explotará la planta, quién comercializará la energía ni durante cuántos años se adjudicará el negocio.

El riesgo es evidente: que Quart soporte los impactos mientras los beneficios económicos quedan en otras manos.

¿Cuánta basura quieren quemar en Quart?

Esta es la principal cifra que la Generalitat todavía no ha facilitado.

Sabemos que Los Hornillos está preparada para tratar hasta 400.000 toneladas anuales, pero eso no significa que la futura incineradora vaya a quemar esa misma cantidad. Hay que diferenciar entre toda la basura que entra en la planta y la parte que queda después del tratamiento.

Antes de adoptar cualquier decisión, el Consell debe explicar:

  • Cuántas toneladas anuales podría quemar la incineradora.
  • De qué municipios procedería la basura.
  • Si podría recibir residuos de otras zonas de la Comunitat Valenciana.
  • Cuántos camiones entrarían y saldrían diariamente.
  • Qué cantidad mínima de basura necesitaría para ser rentable.
  • Durante cuántos años debería garantizarse su funcionamiento.
  • Si existiría la obligación contractual de suministrarle una cantidad mínima de residuos.

Una instalación de 400 millones de euros no se construye para funcionar ocasionalmente. Necesitaría recibir basura durante décadas para amortizarse.

Esto puede generar una contradicción profunda: mientras se pide a la ciudadanía que reduzca y recicle, el sistema podría quedar obligado a producir suficiente basura para alimentar una incineradora.

Los impactos detectados alrededor de otras incineradoras

Las plantas modernas deben contar con sistemas de depuración y cumplir límites legales de emisiones. Pero eso no significa que su actividad carezca de impactos ni que pueda considerarse inocua antes de realizar los estudios correspondientes.

Los proyectos de incineración generan preocupación por diferentes factores:

  • Emisiones de partículas y óxidos de nitrógeno.
  • Posible presencia de metales pesados, dioxinas y furanos.
  • Producción de gases de efecto invernadero.
  • Generación de escorias, cenizas y residuos procedentes de la depuración de gases.
  • Tráfico constante de vehículos pesados.
  • Ruido, olores y consumo de agua.
  • Acumulación de impactos sobre poblaciones que ya soportan otras grandes infraestructuras.
  • Dependencia económica de un suministro constante de basura.

La combustión no hace desaparecer todos los residuos. Una parte se transforma en escorias y cenizas que también deben ser transportadas, tratadas o depositadas en instalaciones autorizadas. Algunos de los residuos generados por los sistemas de depuración pueden requerir una gestión especial.

Por eso no basta con afirmar que la tecnología será segura. La Generalitat debe presentar los estudios, identificar los contaminantes que se medirán, explicar cómo se publicarán los resultados y establecer qué controles independientes se aplicarán.

Quart ya soporta demasiadas cargas metropolitanas

La posible incineradora no se instalaría en un territorio vacío.

Quart de Poblet ya convive con el aeropuerto, las autovías A-3, V-30 y V-11, grandes polígonos industriales, tráfico pesado y diferentes infraestructuras metropolitanas.

La evaluación ambiental deberá analizar el efecto acumulado de todas estas actividades sobre la calidad del aire y la salud de la población. No sería aceptable estudiar la incineradora de forma aislada, como si no existieran otras fuentes de contaminación y ruido en su entorno.

También deberán estudiarse los vientos dominantes, la dispersión de las emisiones y la proximidad a viviendas, colegios, centros sanitarios, zonas industriales y municipios vecinos.

Quart no puede convertirse sistemáticamente en el lugar donde se concentran las infraestructuras que necesita toda el área metropolitana.

Quemar basura no es reciclar

La normativa europea establece una jerarquía clara para gestionar los residuos: primero, evitar que se generen; después, reutilizar; posteriormente, reciclar; y solo cuando esas opciones no sean posibles, recurrir a otras formas de aprovechamiento, como la recuperación de energía.

Quemar basura para producir electricidad o calor no es reciclarla.

La Unión Europea establece que en 2035 al menos el 65% de los residuos municipales deberá prepararse para la reutilización o reciclarse. Al mismo tiempo, limita al 10% la cantidad que podrá terminar en vertederos.

Reducir el vertido es necesario, pero no podemos sustituir un modelo basado en enterrar basura por otro que necesite quemarla permanentemente.

La incineración solo debería afectar a la basura verdaderamente irrecuperable, después de haber aplicado todas las políticas posibles de reducción, reutilización, recogida separada y reciclaje.

El mejor residuo no es el que se quema. Es el que no llega a producirse.

Compromís exigirá respuestas en Les Corts Valencianes

Compromís trasladará al Consell una batería de preguntas parlamentarias para conocer si Los Hornillos o alguna otra parcela de Quart de Poblet figuran entre las ubicaciones estudiadas.

Preguntaremos por la capacidad de la planta, la tecnología prevista, la procedencia de la basura, las emisiones, las cenizas, el consumo de agua, el tráfico de camiones, la financiación y el modelo de explotación.

También queremos conocer las reuniones mantenidas con la EMTRE, los ayuntamientos, las consultoras, las empresas del sector y los posibles operadores.

Y exigiremos una respuesta concreta sobre el dinero:

  • ¿Cuánto se ahorrará en transporte y vertederos?
  • ¿Quién financiará los 400 millones?
  • ¿Quién venderá la energía?
  • ¿Qué empresa explotará la instalación?
  • ¿Qué parte del ahorro llegará a las familias?
  • ¿Se reducirán las tasas metropolitanas?

Además, reclamaremos la publicación de la memoria del Plan Integral de Residuos, las fichas económicas del área V2, los estudios de alternativas y todos los documentos relacionados con la posible ubicación.

Quart no puede enterarse de una incineradora por la prensa

No afirmamos que la ubicación esté definitivamente decidida, porque la Generalitat todavía no lo ha confirmado.

Pero los elementos conocidos apuntan hacia una lógica muy concreta: la basura metropolitana ya llega a Los Hornillos, la parte no recuperada ya se genera aquí y quemarla junto a la planta reduciría costes.

Precisamente por eso necesitamos respuestas antes de que el proyecto esté cerrado.

Una infraestructura de esta dimensión no puede negociarse entre administraciones, empresas y operadores sin informar al Ayuntamiento y a la ciudadanía.

Quart no puede convertirse, sin transparencia ni participación pública, en el lugar donde se trate y también se queme la basura de València y de toda el área metropolitana.

Y si la Generalitat asegura que la operación permitirá ahorrar millones de euros, debe contestar una última pregunta:

¿Qué ganará Quart, quién se quedará con el negocio y por qué las familias seguirán pagando las mismas tasas?

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